Columna científica #8: Una maravilla médica

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En tiempos de posverdad, amar al otro también es cuidarlo de peligrosas enfermedades.

Pareciera ser que hoy, más que nunca, las creencias personales y las emociones son más importantes que los hechos. Hace 2.300 años que los griegos comprobaron que la Tierra era “redonda”, y sin embargo, todavía hoy hay terraplanistas que creen que eso es algo que inventó la NASA. O que las vacunas, pese a salvar las vidas de más de dos millones de personas cada año, podrían ser una conspiración de la industria farmaceútica.

“Siempre existieron este tipo de ideas y personas dispuestas a creerlas”, explica Guadalupe Nogués, doctora en biología, docente y autora de Pensar con otros : una guía de supervivencia en tiempos de posverdad. Pero la novedad actual es que están las redes sociales. “Los que antes eran un puñado de personas que se reunía en la casa de uno, hoy es un club de gente disperso globalmente y que no necesita conocerse en persona”, dice la especialista, y agrega que con internet “es más sencillo caer en la confusión y pensar que hay algo discutible, cuando en la realidad tal controversia no existe. Estos son los estragos que hace la posverdad”.

El concepto de las vacunas se remonta a la China del siglo XI, pero su versión moderna se la debemos a Edward Jenner (1749-1823), un médico rural inglés con un poder de observación extraordinario que lo conviritió en la persona que más vidas humanas salvó en toda la historia. “Las vacunas son una maravilla médica que aprovecha cómo funciona nuestro sistema inmune (SI)”, abunda Nogués y ejemplifica: “Si no estamos vacunados y llega a nosotros el virus del sarampión, enfermaremos. Si sobrevivimos, es porque nuestro SI aprendió a combatirlo. En el caso del sarampión, esa protección dura toda la vida, por lo que si el virus nos llega otra vez, la respuesta es mucho más rápida y poderosa, y no enfermamos”. Las vacunas son versiones más débiles de los patógenos, que no nos enferman, pero que alcanzan para entrenar a nuestro SI. “Y sin el riesgo de morir —acota—. Las vacunas son, en un punto, muy ‘naturales’. Si contamos con vacunas efectivas y seguras, elegir no usarlas es de alguna manera como jugar a la ruleta rusa”.

Por otro lado, a nivel social, existe algo que se llama “inmunidad de rebaño”, que “se observa solo a altísimas coberturas de vacunación, cercanas al 95% de la población”. Lo que ocurre es que el virus no puede “pasar” a través de los vacunados, se frena su circulación y entonces no accede a los no vacunados. Por eso, al decidir no vacunarse, también se pone en peligro a la sociedad, “en especial a los más vulnerables, como los muy pequeños, los ancianos o las personas inmunocomprometidas, que no pueden ser vacunados por razones médicas específicas”, enfatiza Nogués y concluye: “Vacunarse es un acto de amor hacia el prójimo”.

Publicada en RUMBOS #787

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