Columna científica #6: Seremos astronautas

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El calentamiento global no es nada comparado con los problemas que enfrentaremos en el futuro.

Sí, es cierto que la humanidad enfrenta desafíos que deberá resolver antes de que termine el siglo XXI. El calentamiento global, la concentración de la riqueza, la contaminación de los océanos, la economía insaciable y el agotamiento del petróleo son problemas urgentes.

Sin embargo, tarde o temprano, nuestros descendientes se enfrentarán con algo mucho más grave. Se estima que el 99% de todas las especies que alguna vez existieron ya se han extinguido, y nada indica que el homo sapiens tenga pasta para ser la excepción.

El universo es un lugar implacable; pero no nos damos cuenta porque estamos acá desde hace muy poco tiempo y siempre dentro de ese capullo protector al que llamamos atmósfera. Sin embargo, algún día esa seguridad terminará y deberemos abandonar la Tierra, ya sea por algo que provoquemos nosotros; o un asteroide imposible de desviar; o cuando el Sol se apague y con su último estertor pulverice nuestro planeta. Para entonces, si es que estamos de acuerdo en que vale la pena salvar a la humanidad e intentamos hacerlo, deberemos poseer ciertas tecnologías que permitan vivir en el espacio, como la minería de asteroides hechos de valiosas materias primas; sistemas más eficientes de propulsión; y probablemente mecanismos de terraformación, para convertir a un planeta inhóspito en uno habitable.

Sin embargo, todavía hoy es ciencia ficción. Un candidato a ser nuestro segundo hogar es Próxima b, un exoplaneta que si bien orbita a la estrella más cercana al Sol, está a unos 4,22 años luz o 40 millones de millones de kilómetros. Para tener una idea, el objeto más veloz creado por el homo sapiens es la sonda Juno, que llegó a Júpiter en 2016 y gracias a la asistencia gravitacional que recibió de ese planeta gigante, aceleró hasta los 265.000 km por hora. A esa velocidad récord, necesitaríamos 17 mil años para llegar a Próxima b.

Pero no hay que desanimarse. Durante la mayor parte de nuestra historia fuimos nómades, íbamos detrás de las migraciones de los animales y la maduración de los frutos. Si un jefe hubiera propuesto establecerse, habría condenado a muerte a su tribu. Y a eso deberemos volver; aunque no seremos nosotros, sino otra especie parecida, que necesariamente se habrá quedado con lo mejor del homo sapiens y descartado lo peor.

Carl Sagan vaticinó que “nuestros descendientes remotos, ya asentados en otros planetas, mirarán al cielo y se maravillarán de lo vulnerable que era la cuna, cuán precaria fue nuestra infancia, cuán humildes nuestros orígenes. Y cuán numerosos los ríos que debimos cruzar, antes de encontrar nuestro camino”.

Por primera vez, la humanidad alcanzó la capacidad de destruirse a sí misma… pero también la de explorar otros mundos.

Publicada en RUMBOS #782

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