Orson Welles, a 100 años de su nacimiento

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De un joven prodigio del cine y la radio a un paria de Hollywood. A cien años de su nacimiento, recordamos la vida de este artista inolvidable.

Tener un final feliz depende, por supuesto, de en qué momento de la historia uno decide poner el punto final”, dijo Orson Welles alguna vez. Y, al menos en su caso, no podría ser más cierto.

Un niño alto y talentoso que con apenas 16 años consiguió su primer trabajo como actor adulto en el Gate Theatre de Dublín y que a los 25 coescribió, produjo, dirigió y protagonizó Ciudadano Kane, una de las películas más importantes de la historia del cine.

Pero así como la fama y el éxito llegaron pronto, de poco le sirvieron. Para ese momento aún le quedaban 45 años de vida, que pasó tapado de trabajo y financiando, con su propio dinero, decenas de ambiciosas producciones que fue incapaz de terminar. Su historia, ¿tuvo un final feliz? No será fácil; pero vamos a intentar averiguarlo.

Talento puro

Este será un año en el que recordaremos y homenajearemos a Orson Welles a fuerza de varias efemérides redondas: el 6 de mayo se cumplió un siglo de su nacimiento, en octubre se cumplirán tres décadas de su muerte y hace cincuenta años Welles estaba vivo, rodando Campanadas en la medianoche, su último largometraje de ficción.

Welles comienza su carrera muy temprano gracias a un talento nato, fue un verdadero niño prodigio. A los 13 años, él ganó junto a su escuela una competición dramática con una adaptación suya de Julio César, de William Shakespeare. Pero el jurado casi no les entrega el premio, porque estaban convencidos de que habían contratado a dos actores profesionales para los papeles de Marco Antonio y de Julio César. Imaginemos su sorpresa al comprobar que no hubo trampa y que ambos personajes los hizo Welles, un alumno secundario.

A sus 16 años ya había terminado la escuela, era huérfano de padre y madre y con la pequeña herencia que recibió decidió viajar por Europa. De visita por Irlanda, una tarde golpeó las puertas del Gate Theatre de Dublín y exigió hablar con el director del teatro. Fingió ser una estrella de Broadway y consiguió que lo contrataran durante dos años.

Pero la fama recién llegaría como un cachetazo el 30 de octubre de 1938, el día en que hicimos contacto con marcianos. La radio CBS relataba en vivo, minuto a minuto, la llegada de ovnis a las costas de Nueva Jérsey, con móviles, boletines informativos y las opiniones de académicos y militares. Hubo pánico generalizado. Dicen las crónicas de la época que las comisarías no daban abasto para contestar los llamados de vecinos aterrorizados por la invasión extraterrestre. Claro que lo que realmente pasó fue que quienes no sintonizaron el programa desde el comienzo, no llegaron a escuchar la aclaración de que todo se trataba de una adaptación para radioteatro del libro La guerra de los mundos, realizada por la Mercury Theatre, la compañía de teatro que Welles había fundado un año antes.

Jugar con fuego

Ahora Welles era una estrella y el estudio RKO le ofreció el que es considerado el mejor contrato de la historia para un director debutante: le dieron absoluto control artístico de su próxima película. ¿Qué significaba eso? Que Welles podría escribir el guión y elegir el elenco y el equipo técnico; y, lo más importante, tendría total libertad en la edición final.

Luego de coquetear con la idea de adaptar El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, a Welles finalmente le aceptaron un guión que había coescrito con Herman Manckiewicz: Ciudadano Kane. Welles tenía 25 años y la primera película que hizo será recordada como una de las más influyentes de la historia del cine, en especial por todas las innovaciones técnicas que trajo consigo.

“Pero para él, las cosas comenzaron a desplomarse inmediatamente”, recuerda el periodista y escritor Gore Vidal, quien tuvo una relación personal con Welles. Sucede que la película estaba evidentemente basada en la vida pública –y privada– de William R. Hearst, un polémico magnate de los medios de comunicación de esa época, que levantó su imperio gracias al periodismo “amarillista”.

El fuerte de Hearst no era precisamente el sentido del humor y le declaró la guerra a Welles: sus medios boicotearon el filme, presionando a todo Hollywood con exponer sus secretos. Y en RKO llovieron generosas ofertas a cambio de todas las copias de la película.

Afortunadamente no tuvieron éxito y se estrenó en algunas pocas salas. Pero Ciudadano Kane no fue una película convencional para el público de 1941 y la recepción fue muy mala. Recibió nueve nominaciones a los Premios Oscar (con Welles nominado a mejor guión, actor, productor y director); pero sólo ganó Mejor Guión Original.

El punto final

Sería un error tremendo decir que no pasó nada después de Ciudadano Kane. Pasó de todo; aunque sin la magia de esos primeros años.

Welles se convertiría en un paria de Hollywood, que se movía por fuera de los grandes estudios y que financiaba sus películas con su propio dinero. El lado positivo de esto es que las trece películas que dirigió son Welles en estado puro, sin productores, ni guionistas queriendo imponiéndole nada. Pero, la otra cara resultó ser que siempre se estaba quedando sin plata y por eso sus producciones tomaban años y rara vez eran terminadas.

“No conozco a nadie suficientemente loco que ponga su dinero en proyectos tan experimentales. Tuve que usar mi carrera como actor de una manera cínica –confesó en una entrevista– y aceptar muchos trabajos que no quería hacer, tan solo porque me daban el dinero para hacer mis películas”. Es por esto que Welles actuó en más de cien películas, daba conferencias, aparecía en televisión y hasta en publicidades de todo tipo de productos: desde comida para perros hasta whisky. “El siempre actuó como si estuviera en la quiebra, y desde el punto de vista financiero, seguramente lo estuvo”, dice Vidal.

El 10 de octubre de 1985 dio en televisión su última entrevista. Allí hizo reír al público, realizó trucos con cartas (sí, también era mago) y anunció que iba a escribir un libro con sus memorias. Sin embargo, pocas horas después, un paro cardíaco decidió que no.

Publicada en RUMBOS #611

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