Entrevista con Tony Hawk, skateboarder profesional

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A sus 46 años y ya retirado de las competencias, el mejor skater de la historia se dedica a recorrer el mundo haciendo exhibiciones. Tras su paso por la Argentina, charló con Rumbos sobre sus comienzos, su familia, qué siente al patinar y lo que significa ser un ícono pop.

Anthony Frank Hawk tenía nueve años cuando Steve, su hermano mayor, le regaló su viejo skate. Poco le importó a Anthony que estuviese bastante castigado por el uso. Era azul y de fibra de vidrio y fue amor a primera vista: dos minutos después, ese niño hiperactivo ya se estaba tirando por el callejón que está detrás de la casa de sus padres, en Carlsbad, California.

Eran finales de 1977 y sólo cinco años más tarde, Tony Hawk ya era un skater profesional. En la actualidad, esa vieja patineta azul es parte del Museo Nacional de Historia estadounidense, en Washington D.C., y él se retiró de las competencias como el mejor de la historia de este deporte.

El hombre pájaro

Tal vez muchos sólo lo conozcan por la exitosa saga de videojuegos que lleva su nombre. Pero Tony Hawk no sólo hace magia pixelada; él es un gigante (supera el metro noventa), una persona de acción y de pocas palabras. De chico hacía de todo, pero de a poco fue dedicándose exclusivamente a patinar. Dentro de esa larga lista de deserciones figuran actividades tan disímiles como el violín y el baseball.

¿En qué momento pudiste vivir de patinar?
Al principio no me alcanzaba pese a que era ya número uno en el ránking. Recién a los 17 empecé a ganar suficiente dinero y me compré una casa en Carlsbad.

¿Antes fue difícil mantener la decisión de seguir patinando?
No. Si bien me daba cuenta de que mucha gente de mi edad ya estaba decidiendo qué carrera estudiar, a mi entender yo ya tenía una carrera.

¿Te recomendaron que te dediques a otra cosa?
Sí, sobre todo los profesores del secundario me decían que me deje de perder el tiempo con la patineta, pero yo siempre supe que eso era lo mío.

¿Y por qué creés que te volviste tan bueno?
Creo que siempre tuve determinación y siempre estuve dispuesto a probar cosas nuevas. Soy muy experimental, algo que es muy importante en el skating.

Intimida llegar al límite, ¿no?
Sí, un poco, pero lastimarme nunca me dio tanto miedo como para no hacerlo. Esa fue una gran diferencia.

¿Qué pensás cuando estás en el aire, en el medio de un truco?
Pienso en cómo voy a aterrizar [risas]. Y en qué voy a hacer después. Intento estar convencido de que lo que estoy haciendo va a salir bien y anticipar mi próximo movimiento; porque si estás en el aire y dudás, ahí estás en problemas.

¿Y qué sentís?
Que el mundo desaparece y una libertad que sólo siento en ese momento. Patinar es una forma de arte, de expresarse, pero también es atlético. Es un modo de escape pero es, a su vez, lo que me define.

Muchos padres no quieren que sus hijos patinen. ¿Por qué?
Supongo que tienen miedo de que sus hijos salgan lastimados… Yo creo que el skating es muy saludable, además de enseñar a los chicos muchas lecciones de vida en términos de creer en uno mismo y probar cosas nuevas. Y estadísticamente es más seguro que muchísimos deportes.

Algo que Hawk siempre menciona en sus entrevistas es el gran apoyo que tuvo de sus padres, en especial de su papá. De hecho, luego de su primer accidente importante –que siendo aún un chico le costó dos dientes y una corrida al hospital–, la reacción de su padre fue regalarle un casco nuevo.

¿Qué recuerdo tenés de tu papá?
Mi papá Frank murió de cáncer de pulmón en 1995. Era mi mayor fan y siempre me apoyó. Estoy agradecido de que haya llegado a ver mi primera aparición en los X Games.

Hablando de los X Games, en la edición de 1999 hiciste el truco más grande hecho hasta ese momento, el 900. ¿Qué significa?
Son los grados de rotación. Significa dar dos vueltas y media en el aire.

¿Y qué sentiste?
Ufff… de todo. Fue en San Francisco y era un truco que estuve intentando hacer durante cinco años. Y fue muy emocionante lograrlo y delante de tanta gente. Fue un gran cambio en mi carrera.

¿Por qué lo decís?
Porque fue algo que quería hacer y, una vez que lo logré, fue un excelente momento para dejar las competencias y explorar nuevas posibilidades como las exhibiciones y patinar para el público. Era algo que antes no podía hacer porque estaba atrapado en el calendario de la competencia.

Ese fue el momento más alto de tu carrera, ¿pero cuál fue tu peor accidente?
Cuando me rompí la pelvis, sin lugar a dudas.

Ah, creo que lo vi en YouTube. ¿Fue en el programa “Wildboyz”, el sucesor de “Jackass”?
Sí, exactamente.

En el video se ve terrible.
Sí, lo fue –se ríe–. Tenía 33 años y estuve seis semanas en la cama. Después no fue fácil regresar al nivel en el que estaba, me costó volver a confiar en mí mismo.

¿Y aprendiste algo de eso?
Aprendí que amo tanto patinar que estoy dispuesto a pasar por cosas como esa y a curarme sólo para volver a subirme a una patineta. Lo amo demasiado como para dejarlo. Incluso cuando uno sale gravemente herido.

¿Por qué pusiste tu propia empresa, Birdhouse Skateboards?
Luego de un boom en los 80, a principios de los 90 el skating perdió mucha popularidad, los parques cerraban y parecía que la moda había pasado. Con una hipoteca encima todo se nos hizo cuesta arriba a mí y a mi familia. Mientras varios amigos se volcaban a actividades más “tradicionales”, un amigo y yo lanzamos esta marca de tablas y accesorios.

Esta parte Hawk no la cuenta, pero, al principio fue muy difícil. A la empresa recién le fue bien años más tarde, cuando el deporte volvió a ganar popularidad (lo curioso es que eso pasó en buena parte gracias a su actividad como skater profesional, es decir que él sembró, regó y cosechó).

Siendo el skate de origen contracultural, ¿qué sentís siendo una especie de ícono pop?
Es extraño que sea una figura reconocible por lo que hago… cuando empecé a nadie le importaba. Digamos que cada día es una sorpresa: el hecho de que pueda viajar por el mundo y llevar a mi familia en una especie de vacaciones pagas; o haber patinado sin permiso dentro de la Casa Blanca o aparecido en Los Simpson… es algo increíble.

¿Qué tres consejos le darías a un chico que está empezando a patinar?
Que comience con lo básico, aprenda a caer y persevere.

Publicada en RUMBOS #595

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