Entrevista a Roberto Canessa, sobreviviente del Accidente de los Andes

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En octubre de 1972, un avión desapareció en los Andes. A bordo iba un equipo de rugby uruguayo rumbo a Chile. Setenta y dos días después, dos sobrevivientes lograron escapar a pie de las heladas fauces de las montañas para contar una historia increíble de supervivencia.

Uno se imagina al infierno como un lugar donde el intenso calor hace arder la piel, una cueva oscura en el centro de la Tierra donde retumban los lamentos de todos los condenados. Pero Roberto Canessa sabe que no es así, que en el infierno solo se oye el viento helado. Sabe, porque estuvo ahí a sus 19 años, que se trata de un lugar al aire libre y muy cerca de las nubes, donde el sol quema los ojos pero no calienta el cuerpo y que allí la muerte se paga a cuenta gotas.

Su historia no merece presentación. Si ya habías nacido en 1972, seguro recordarás ese “milagro de Navidad”, ese 21 de diciembre cuando Roberto Canessa y Fernando Parrado, dos jóvenes uruguayos, aparecieron en Chile, luego de escalar la cordillera de los Andes durante 10 días, para salvarse y salvar a sus 14 amigos después de haber estado dos meses en los restos de un avión destrozado comiendo lo único que se podía comer: los cuerpos de sus compañeros muertos.

Pasaron 34 años de ese día y hoy entrevisto a Roberto en un hotel céntrico de la Ciudad de Buenos Aires. Está presentando Tenía que sobrevivir (Planeta), un libro que conecta los Andes con el reconocido cardiólogo infantil que es hoy.

¿Cómo está viviendo estos días?
Es un momento de alegría por la tarea terminada. Y tenemos mucha curiosidad de saber cómo lo va recibir la gente. Hace muchos años que estamos embarcados en un proyecto de difundir una manera de vivir.

¿A qué se refiere?
A darte cuenta de que no tenés que esperar a que se te caiga el avión para ver que tenés mucho, que no tenés que quejarte tanto y ser un poco más agradecido. Todas esas guerras y agresiones… con lo que vale una vida humana. Cuando ves a los padres que tienen niños con problemas cardíacos, lo que luchan por sus hijos, y después ves bombardeos… Es una de las grandes preguntas que tenemos que hacernos: ¿es verdad que queremos ser felices?

UNA GRAN HISTORIA

Y entonces entra al salón Pablo Vierci, escritor y coautor del libro, quien conoce a Roberto desde que eran niños porque vivían en la misma cuadra. Viene con dos ediciones extranjeras del libro y –sorpresa– una está en chino. Y es que la suya es una historia universal. Pero para poder contarla, Roberto y los otros 15 sobrevivientes tuvieron que pasar por el infierno. Primero fue la caída del avión. No hubo cinturón de seguridad que valga; por el impacto los asientos se desprendieron del piso. Luego darse cuenta de que no había ambulancias ni bomberos viniendo en su auxilio. Estaban en un mundo aislado, de hielo y roca, con temperaturas de 30 grados bajo cero. Improvisaron: cosieron los tapizados de los asientos con los cables del circuito eléctrico del avión e hicieron mantas, el perfume era desinfectante;las hojas de afeitar, bisturíes, las camisetas de rubgy, vendas; y Roberto, un estudiante de medicina de segundo año, el mejor cirujano del mundo. Así pasaron dos meses hasta que decidieron dejar el relativo refugio del fuselaje. Optaron por salir a buscar ayuda, porque si iban a morir, que al menos fuera caminando.

¿Qué es el hambre?
Es una sensación sorda y que es prima hermana del dolor. La sensación de que está faltando algo todo el tiempo…

¿Ustedes por qué sobrevivieron?
Capaz que para contar la historia o porque siempre hay una primera vez. Todas las posibilidades remotas a veces se dan, el 99% no es 100%.

¿Cómo se mantiene el ánimo cuando todo tira para atrás?
Mientras hay vida hay esperanza. Siempre tenés posibilidades de que empiece a mejorar.

Y habiendo pasado lo que usted…
Cada uno tiene su propia cordillera.

En la cola del avión encuentran el material para fabricar la bolsa de dormir. ¿Sin eso no había salvación?
No. El frío de la noche era terrible. Nosotros fuimos a buscar una salida del valle, pero nos encontramos con la cola del avión y ese material aislante alrededor de unos tubos. A veces cuando vas a buscar una cosa, encontrás otra. Por eso hay que estar siempre en la búsqueda, nunca se sabe por dónde va a estar la salida.

¿Qué relación tiene con los demás sobrevivientes?
Como una familia, con algunos te llevás mejor, con otros peor, pero nos queremos. Y también con los familiares de los que no volvieron. Se dio todo de forma muy natural, y es lo que yo le aconsejo a la gente, que vivan las pérdidas de forma natural.

¿Cómo es vivirlo naturalmente?
Como una tribu: que cuando a alguno le pasa algo, vuelve a la tribu. Lo antinatural sería aislarse. Mis hijos fueron al colegio con los sobrinos de los que fallecieron. Es volver de donde saliste.

¿Alguna vez alguien le pidió que guarde silencio? ¿Qué no cuente algo?
No. A veces algunas madres de los que no volvieron dijeron: ‘No, pero de vuelta en la televisión’. ‘Cambiá de canal’, dije yo, ‘No tenés por qué mirarme’. No me gusta que controlen mi vida. Pero en general nos acompañaron.

¿Le sorprende que la historia despierte tanto interés?
Sí, y me sorprende que todas las personas quieran ser parte de esta historia. La gente que vivió en esa época se acuerda de cuando aparecimos, la gente estaba ahí con nosotros. Fueron parte de esto y es una característica humana muy linda, es una forma de solidaridad.

Muchos de nuestros lectores habrán visto la película Viven
Eso es Disney. Es una versión para niños de lo que pasó. La gente me pregunta: ‘¿Es tan horrible como lo que muestra la película?’ [se ríe].

Ustedes se metieron con un tema tabú, el de comer personas. ¿Cree que eso tapó el resto de la historia?
Todo el mundo tiene derecho a interpretar. Todo se tiñe del sentir popular y nos llaman héroes, cuando nosotros nos sentíamos los desgraciados de la montaña. O dicen que nos salvamos porque nos comimos a los muertos; no, con eso solo compramos tiempo. Nos salvamos porque éramos un equipo y porque salimos caminando.

¿Se arrepiente de algo que haya hecho en la montaña?
Sí, de haberle hecho caso a Fernando y caminar hacia el oeste. Nos fuimos para el lado contrario [risas].

¿Y de creerle al piloto, que antes de morir les dijo que cayeron en un lugar y resultó que estaba equivocado?
Vas a asesorarte con el que te hizo la mala praxis… [risas] Es una historia llena de errores y eso la hace superhumana. Es lo delicioso que tiene, porque es como es la vida: con el diario del lunes se sabe todo. Es una historia de comportamiento humano única y es un crimen que cada uno de los sobrevivientes no cuente su historia.

Y si pudiera volver el tiempo atrás, ¿evitaría esa parte de su vida?
[Se ríe como si hubiera preguntado una obviedad] Sí, por supuesto. No tenés ni idea lo que estar ahí, no tenés ni idea. Cárcel, cadena perpetua, es un hotel 5 estrellas, tenés comida, agua, cama. Y es lo peor que te pueden sacar: la libertad. Esto era una tortura psicológica, física y espiritual full-time.

Publicada en RUMBOS #699

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