Google Maps, la obsesión por verlo todo

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Los mapas digitales serán una tecnología clave en el siglo XXI y Google quiere ser uno de los grandes jugadores en ese mercado. Tecnología, privacidad y derechos en la era de la exposición.

Es muy probable que usted haya visto a las llamativas camionetas de Google recorriendo su ciudad en las últimas semanas. Sin dudas las recordaría: verdes y blancas, sobre sus techos exhiben una columna de acero coronada con una bola del tamaño de una pelota de fútbol.

Justamente allí, en la punta de la metálica torre, está el secreto (y el motivo de la polémica): como si fuesen sus gajos, esa pelota porta 15 cámaras fotográficas de alta resolución que funcionan de la siguiente manera: a medida que el vehículo recorre las calles de la ciudad, van tomando fotografías cada un metro aproximadamente, al mismo tiempo que anotan, con la asistencia de un GPS, la ubicación exacta de cada una de las tomas. Fotos y coordenadas que se almacenan en un disco rígido. La magia ocurrirá más tarde, cuando un complejo software se encargue de fusionar todas esas imágenes creando un maravilloso paseo fotográfico en 360° de todas las calles de la ciudad.

Esta es una aplicación a la que bautizaron Street View (en castellano, “Vista de la calle”) y que es una de las características más llamativas que tiene Google Maps, un sistema de mapas digitales al que se puede acceder gratis desde cualquier dispositivo que cuente con conexión a internet.

Cuando se estrenó Street View en mayo de 2007, incluía sólo las calles de cinco ciudades estadounidenses. Ya pasaron casi siete años y las camionetas de Google no han parado recorriendo más de 8 millones de kilómetros (unos diez viajes de ida y vuelta a la Luna). Hoy, Street View está disponible en más de 3.000 ciudades de más de 50 países y la Argentina será el próximo. Como se ve, el objetivo de Google es muy ambicioso: recorrer el mundo entero y así confeccionar el “mapa total”.

El “gran hermano” de la web

Sin dudas, este proyecto requiere de una gran inversión de recursos, aunque desde Google hablen muy poco del tema. En la bolsa de valores NASDAQ, Google está valuada en US$ 285.800 millones, siendo la segunda empresa tecnológica de mayor valor (la primera es Apple) y cuenta con más de 70 oficinas en más de 40 países de los cinco continentes. Sin embargo, Google ofrece la gran mayoría de sus servicios de forma gratuita. ¿Cómo hizo entonces la empresa más grande de internet para alzar su imperio?

En lo inmediato, la gran mayoría de los ingresos de Google se producen, al igual que en la televisión y la radio, a partir de la publicidad. Sin embargo, la audiencia que maneja Google es astronómicamente superior a la de los medios tradicionales: en YouTube –empresa que Google compró en 2006 por la nada módica suma de US$ 1.650 millones–, se miran 6 mil millones de horas de video por mes (casi una hora por cada habitante del planeta) y los usuarios suben 100 horas de video cada sesenta segundos.

A su vez, a muchos les debe haber pasado que después de buscar algo que querían comprar, digamos zapatillas, comienzan a aparecer avisos de ese rubro inmersos en distintos sitios web. Eso se llama AdSense, otro producto Google que, en base a las búsquedas que realice cada usuario, ofrece publicidad superdirigida.

Ese es el negocio de Google, pero también de otros “monstruos” de internet como Facebook: conocer al usuario, a partir de la información que éstos ceden voluntariamente. Cuanto más se conoce al usuario, más efectivas pueden ser las tácticas de venta.

Una apuesta a futuro

Pero la estrategia de Google a largo plazo es la más controversial: ellos aspiran a ser una parte vertebral de la vida cotidiana de las personas. Tal vez Google Glass –los lentes inteligentes de Google, un proyecto digno de la más audaz ciencia ficción– sea la máxima expresión de esta propuesta: ya no se trataría sólo de que la tecnología nos haga la vida más fácil, sino que no podamos vivir sin ella. Y si Google es la dueña de esa tecnología, mucho mejor.

Para saber hasta qué punto Google es una revolución cultural –además de tecnológica– se podría hacer un pequeño paréntesis en esta nota y hablar de algo que se conoce como el “Efecto Google”. El fenómeno fue descrito por primera vez en 2011 por tres académicos de prestigiosas universidades norteamericanas (Columbia, Wisconsin y Harvard).

Básicamente, lo que plantean es que Google, con sus sofisticados algoritmos de búsqueda, hace que tendamos a olvidar la información. Así, internet se convirtió en una suerte de memoria externa, donde la información se almacena fuera de nosotros. Porque, ¿qué sentido tiene recordar la altura exacta del Aconcagua, si Google lo encontrará más rápido de lo que nosotros buceamos en los recuerdos de las clases de geografía de quinto grado?

Por último, y para comprender la injerencia de Google en lo cotidiano, se podría hacer un ejercicio: ¿Cuántos de nosotros no utilizamos, al menos una vez por día, algún producto Google? Puede ser su sistema operativo para smartphones (Android), su navegador web (Chrome), su motor de búsqueda, su reproductor de videos online (YouTube), su servicio de correo electrónico (Gmail), su traductor (Google Translate) o su red social (Google+), solo por mencionar los productos más populares entre los más de 20 que integran la familia Google.

Cartografía 2.0

Pese a que la variedad de productos asombra, tal vez una de las apuestas a largo plazo más fuertes de Google sea su servicio de mapas digitales. Hoy, Google Maps está asociado principalmente a las consultas a través de smartphones, dispositivos móviles que cuentan con geolocalización, pero hay quienes arriesgan un futuro más grandilocuente para la cartografía digital. En una nota para The New York Times (titulada sugerentemente “La hoja de ruta de Google para dominar el mundo”), el periodista especializado en tecnología Adam Fisher lo planteó así: “En un futuro todas nuestras cosas sabrán dónde están: las llaves de casa nos dirán que todavía están en el escritorio de la oficina. Las herramientas nos recordarán que fueron prestadas a un amigo. Y el automóvil será capaz de realizar una diligencia para recuperar tanto las llaves como las herramientas. Aunque nadie puede decir exactamente cómo vamos a llegar desde el momento actual a ese futuro de ciencia ficción, una cosa de seguro se puede decir sobre la detección de la ubicación: se requieren mapas”.

Los mapas del mañana, continúa Fisher, estarán conectados a todo lo que se mueva y serán tan importantes para ellos que serán, de alguna manera, como su sistema operativo. “Un mapa es a la detección de la ubicación lo que Windows es a una PC. Y, como la historia de Microsoft deja en claro, la empresa que controla el sistema operativo controla casi todo. De modo que la competencia para hacer los mejores mapas, se cree, es más que una lucha sobre quién domina el mercado de billones de dólares de los teléfonos inteligentes; es un concurso sobre el propio futuro”.

Magia digital

“Google es una empresa que genera magia y eso sucede cuando la tecnología transforma la vida de la gente, aunque sea en cosas pequeñas y cotidianas”, nos explica Florencia Sabatini, PR Manager de Google Argentina, en las oficinas en Puerto Madero, un lugar donde es igual de probable que alguien pregunte por una sala de reuniones como por un spa. Porque en Google, esto ya se sabe, existe una filosofía laboral muy particular que incluye habitáculos para dormir la siesta, mesas de ping-pong y spas (esto se puede ver muy bien en la comedia Aprendices fuera de línea, protagonizada por Vince Vaughn y Owen Wilson).

Pero detrás de estas políticas marketineras, una de las acciones más importantes de Google es que sus empleados dedican el 20% de su tiempo a trabajar en proyectos personales. Así nació Street View. Puntualmente fue Luc Vincent, ahora responsable de todas las imágenes del sistema de cartografía digital de Google, quien tuvo una idea embrionaria: fotografiar cada centímetro de todas las calles de San Francisco y poner esas fotografías dentro de un mapa.

“Street View tiene tres impactos fundamentales”, explica Sabatini en Buenos Aires. En primer lugar el turístico, porque permite viajar sin salir del hogar. También cultural, por el valor que le puede agregar un profesor primario, secundario o universitario, al dar una clase y contar con esta herramienta. Y el comercial tal vez sea el aspecto más importante. Previo acuerdo con Google, un hotel puede mostrar el interior de sus habitaciones, un gimnasio hacerlo con sus instalaciones o una inmobiliaria el interior de sus propiedades.

Además, la geolocalización juega un papel central en el aspecto comercial. Por defecto, los teléfonos con Android tienen habilitada una función que permite seguir su ubicación con asombrosa precisión día por día y hora por hora. ¿Cuánto vale para el dueño de una marca importante saber cuánta gente se detiene a mirar su vidriera o cuánto tiempo pasan delante de ella? ¿Y si a esa información se le puede sumar un perfil de la persona: edad, sexo, poder adquisitivo, lugares que frecuenta u otros intereses? Toda esa base de datos (anonimizado, por supuesto), sin dudas vale mucho dinero.

Pero Google Maps es mucho más que Street View y desde 2005 va cobrando cada vez más protagonismo: nacido como un precario atlas digitalizado de rutas, hoy es el mapa que da respuesta al 20 por ciento de todas las consultas que se realizan en el buscador de Google.

Y las posibilidades inmediatas son prácticamente infinitas. Imagine un mapa físico en el que usted puede sobreponer distintas láminas de acetato: en una capa están marcados los bares, en otra el estado del tránsito, en una tercera las formaciones nubosas, en otra el transporte público y en la última un sistema de navegación que le dice cómo ir de un punto A a otro B. De eso y algo más se trata Google Maps, pero portátil y accesible desde cualquier lugar, de ahí la importancia que puede tener para el desarrollo de la vida urbana.

Un tema de privacidad

Sin embargo, el proyecto de Google Maps ha generado polémica en varios lugares. La justicia de países como Francia, Alemania o Corea del Sur ha multado a la compañía porque durante sus pasadas con las camionetas, recolectaron a través de redes wifi una importante cantidad de datos personales, una práctica que se conoce como wardriving. Por ejemplo, accedieron a correos electrónicos, claves, fotos y protocolos de chat.

La respuesta de Google viene de Sabatini: “Cuando comenzó el proyecto, se utilizaba tecnología que incluía un software específico para ayudar a los vehículos a geolocalizarse rápidamente mediante la comparación con bases de datos sobre redes de wi fi existentes. Ese tema ya fue cerrado, el software utilizado hoy no tiene la posibilidad de tomar ninguna información de redes abiertas de wi fi”.

Pero por otro lado, Street View tampoco logra convencer a todos. Muchos dudan de que no signifique una violación de la privacidad, un debate en el que abundan las distintas posturas y los argumentos desde legales hasta filosóficos.

Google captura sus imágenes en la vía pública, y en consecuencia, aparecen las personas y bienes que estaban en ella, una situación por la que alguien podría sentir que se viola su privacidad.

La respuesta de Google es que ellos no afectan la privacidad porque una vez que capturan estas fotos las pasan por un proceso de “blurreo” mediante el pixelado de las caras y las patentes. Ahora, ¿eso hace que nadie te pueda identificar?

“Depende del caso”, esplica Marcelo Temperini, abogado recibido en la Universidad Nacional del Litoral, especializado en Delitos Informáticos y Protección de Datos Personales y becario del CONICET. “Si yo tengo el tatuaje de un dragón en la espalda o tengo un auto con una calcomanía en particular, la gente me va a identificar igual”. ¿Y si resulta que esa persona aparece fotografiada en un lugar en el que, por razones que legítimamente podrían ser personales, no debería estar?

En lo que se escuda Google, es que si alguna imagen molesta o perjudica a un usuario puede ser denunciada y será dada de baja. Esta opción aparece en la esquina inferior izquierda de la pantalla. Una vez denunciada, se abre un nuevo enlace donde se deben explicar las razones de dicha denuncia, describir el problema y marcar en un cuadrado rojo el sector específico de la foto que genera molestia. Ahora bien, si Google da de baja la foto, ¿no estarían admitiendo que sí violaba la intimidad? Por otro lado, pese a que la imagen ya no estará disponible al público, seguirá almacenada en su archivo y, además no hay que olvidar que en algún momento estuvo online al alcance del mundo entero.

“Esa es la gran estrategia de Google –continúa Temperini–, y además juegan con el poder que poseen debido a la magnitud de datos que manejan y las pérdidas que estas denuncias les podría llegar a provocar. Porque las posibilidades de que uno se encuentre a sí mismo fotografiado son remotas y de las personas que lo hagan, ¿cuántas van a reclamar?”. Para saberlo habrá que esperar hasta mitad de año, momento en que Google estima que tendrá online las primeras imágenes de Street View en la Argentina.

Publicada en RUMBOS #554

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