Game Boy, una revolución de bolsillo

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La mítica consola de Nintendo cumple un cuarto de siglo. Esta es la historia de cómo una pequeña caja de plástico cambió el mundo.

Un canal de YouTube hizo un experimento: darle a chicos de entre 6 y 13 años un Game Boy y filmar sus reacciones. Algunos pensaron que se trataba de la carcasa de un iPhone, otros creyeron que era un reproductor de mp3. Hubo quienes se sorprendieron porque era grande y pesado o porque usaba pilas. Incluso uno no podía creer que los juegos venían en “casetes”, un término retro si los hay. “¿Cómo? ¿No se le descargan aplicaciones?”, preguntó. Sin embargo, todos coincidieron en algo: no jugarían con él y ni locos lo reemplazarían por sus consolas de última generación.

Y sí, el mundo de la tecnología es así de despiadado y lo nuevo siempre –siempre– desterrará lo viejo a los cajones de los nostálgicos. Sin embargo, esa pequeña consola logró marcar a toda una generación de jóvenes que estaban comenzando a conocer algo llamado “entretenimiento de bolsillo”. Tal fue la revolución que provocó, que Nintendo vendió, sumando su versión a color, la increíble cifra de 120 millones de unidades. Hoy, el Game Boy cayó en el abismo de lo obsoleto y sin embargo, quienes tuvieron el placer de tenerlo, no podrán contener un lagrimón ahora que cumple 25 años de vida.

El triunfo de la sencillez

El nombre que hay que recordar es el del japonés Gunpei Yokoi, un empleado de Nintendo que fue el cerebro detrás del Game Boy y fue uno de los hombres más visionarios de la industria del videojuego. Según cuenta la leyenda, él tuvo un destello de inspiración durante un viaje en tren, al ver que otro pasajero mataba el tiempo jugando con una calculadora científica. Yokoi intuyó que la portabilidad era el futuro.

Primero desarrolló la Game & Watch, una consola que traía un solo juego. Se presentó oficialmente en 1980 y fue la primera consola portátil, que luego tendría varias reediciones que la fueron mejorando y que marcaron la época. La simpleza fue la marca distintiva: era fácil de jugar, accesible y portátil. Pero el aporte clave, aunque parezca menor, fue que utilizó por primera vez algo que se conoce como “la cruceta”, que son los cuatro botones direccionales y que luego replicarían casi la totalidad de las consolas. Se fabricaron más de 60 tipos distintos de Game & Watch, cada uno con su juego original, hasta que se discontinuó en 1991.

Justamente, con el lanzamiento de Game & Watch comenzó a delinearse una filosofía que definiría a Nintendo durante varios años y que terminó de consolidarse con su sucesor, el Game Boy.

Esta filosofía, que se conoce como “pensamiento lateral de tecnología madura”, se trata de una forma de encarar la tecnología, en la que no se utilizan componentes de última generación, por lo cual son más baratos, con el objetivo de lanzar un producto relativamente económico. Lo importante, ya que no será la potencia del hardware, son los juegos. En conclusión, se resigna potencia pero se gana competitividad en el precio y se apuesta a la originalidad de la experiencia.

Esa fue justamente la clave del éxito del Game Boy frente a sus competidores, como la Lynx de Atari y Game Gear de Sega. Todos vestigios de una época pretérita y mucho más simple, en la que si algo no funcionaba, alcanzaba con soplar un casete.

Publicada en RUMBOS #571

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