Entrevista a Benito Fernández, diseñador de indumentaria

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A punto de cumplir 52 años, uno de los diseñadores locales más glamourosos asegura que dejó la alta costura para acercarse a la mujer común. Una charla amena con el hombre que, según sus propias palabras, ayudó a las argentinas a asumir su esencia latina llena de color.

l Benito que recibe al periodista y a la fotógrafa de rumbos, no es el mismo Benito que hace unos años. O tal vez sí, pero distinto. Si hasta ayer su nombre era sinónimo de largos vestidos, realeza y pomposas fiestas, hoy sus diseños ansían salir a la calle, escurrirse entre los humosos desechos de los vehículos y esperar en la parada del colectivo, entre el ruido y la furia de la ciudad. Sucede que Benito Fernández decidió volcarse al diseño de ropa urbana, ese tipo de vestimenta que usted, una coqueta mortal como cualquier otra argentina, utiliza todos los días, cada vez que sale de su casa. Y, según él, puede hacerlo en un contexto muy favorable.

“El país vive un buen momento para el diseño, no como hace quince años, cuando venían a mí para hacerse el vestido que habían visto en los Oscar”, recuerda este hombre que el 27 de mayo cumplirá 52 años. “La mujer de hoy se dio cuenta de que hay diseñadores argentinos y eso nos hace mucho más fuertes e independientes”. El Benito que llega este 2012 está surfeando esa ola, ya establecido como un gurú de la moda y uno de los diseñadores top nacionales. Sin embargo, no parece haberse subido al caballo del éxito.

La moda, hoy

“Hasta los 80 fue la alta costura, después vino el prêt-à-porter (“listo para llevar”, en francés) con pasarelas como Nueva York y San Pablo. Y ahora es la calle la que dicta la moda”, afirma un confiado Benito. Esa es la síntesis de su nuevo enfoque, aquel que intenta descifrar este universo desde una lupa más cercana a la gente. Es por eso, argumenta, que hoy resurge con fuerza la figura de los coolhunters, cazadores de tendencias que los grandes diseñadores reclutan para levantar información de los blogs y caminar las calles, observando qué hace la gente con la ropa.

¿Y este cambio se dio sólo en el diseño?
No, muchas cosas tienen que ver con algo más masivo. En febrero hice un desfile en Cosquín para 8 mil personas y otro en Tafí del Valle para 9 mil. Más allá de que mi marca sea conocida desde hace mucho o tenga el prestigio de vestir a determinadas personas, hoy tiene una llegada a la gente que me gusta y que aprovecho para generar más proyectos interesantes.

¿Cómo definirías tu estilo urbano?
Creo que sostiene lo mismo que mi alta costura: la combinación del color y la textura. Es una ropa moderna, sexy, alegre, fresca. Eso es lo que caracteriza mi marca.

¿En qué te inspirás para diseñar?
Cada colección tiene su temática: la del verano fue “Vírgenes” y la de ahora es “Crash”. Esto me permite desarrollar un concepto bien delimitado, como a mí me gusta. Me refiero a que hay diseñadores que trabajan más sobre el papel y recién después buscan el género. No es mejor ni peor, pero mi proceso es al revés: todo pasa por el tacto. Soy muy de tocar el género, de mirar los colores. Una vez que encuentro lo que quiero, lo llevo al papel.

Cambio de paradigma

Una de las características de esta nueva etapa, es que su marca se instaló en varias provincias –Neuquén, Córdoba y San Luis, por mencionar algunas– en distintos negocios multimarca. Es una apuesta comercial fuerte que Benito acompaña con viajes por la geografía argentina.

¿Antes hacías estos viajes?
No tanto. No tenía mucho sentido, porque la alta costura se vendía casi toda en Buenos Aires. Pero ahora es distinto, lo que estoy haciendo tiene más que ver con la gente.

¿Cómo es la mujer argentina en cuanto a la moda?
Siempre fue muy informada. Pero hay que diferenciar a la porteña de la mujer de las provincias, a la que antes no se le daba el valor que tiene porque estaba alejada de Buenos Aires, nuestro histórico centro de la moda. Pero justamente esa distancia hizo que desarrollara mucho su gusto.

¿En qué detalles notás ese rasgo?
En que es una mujer súper leída, interesada, comprometida con la moda. Jamás voy a las provincias con colecciones viejas porque saben perfectamente qué ropa hice, quién la usó y cuándo. ¡Ni loco voy a hacer un desfile con prendas de hace seis meses! Por ahí, lo hago en Buenos Aires, donde están más distraídos porque me tienen cerca (risas).

¿Qué potencialidad tienen las provincias en términos de diseño?
Muchísima. Hay ciudades muy pujantes, como Rosario y Córdoba. Además, la gente ya no quiere ir a Buenos Aires de compras. Quiere que lo atienda alguien que lo conoce. Para un diseñador ya no es una opción quedarse en Buenos Aires. El que lo hace, no tiene en cuenta por dónde va el mundo.

Una carrera de pasarela

Benito Fernández se define como una persona a la que gusta sacudirse los prejuicios, relajarse y seguir una tendencia de modernidad internacional. Dice que en sus prendas está “todo más mezclado”, en todo sentido: la moda, lo espiritual, lo político.

Es una filosofía descontracturada que también impregna su propio estilo de vida –“si tuviese una rutina, me muero”– y guía su carrera profesional, permitiéndole transitar sin problemas el giro casi existencial que significa pasar de vestir a figuras de la realeza y luego diseñar una remera para un hipermercado. Es un viaje de ida y vuelta constante y sin escalas.

¿Tu mayor logro profesional?
Vestir a Máxima Zorreguieta. Fue un antes y un después en mi carrera. Ella me ayudó a sentirme seguro. Una mujer que eligió hacerse ropa conmigo en un momento muy especial de su vida, cuando podría haber elegido a cualquier otro diseñador del mundo.

¿Es el tipo de mujer que te gusta vestir?
Totalmente. Me gusta vestir a mujeres como Máxima, Valeria (Mazza) y Dolores (Barreiro), que son madres, esposas y trabajadoras. Y Máxima no es una princesa que se fue a tomar el té a un castillo. Es una mujer que tiene dos ONG, que cuida de sus hijas y a su marido.

¿Alguna figura pendiente?
Angelina Jolie es súper interesante. Pero lo que me atrapa de cualquier mujer es la vida que lleva. Me gustan las minas autónomas, que representan a la mujer de hoy.

¿Alcanzaste todas tus metas?
Alcancé muchas más de las que soñé. Nunca imaginé que iba a vestir a la princesa más mirada de Europa o trabajar con Patricia Field, la vestuarista de Sex and the City. Ni se me ocurrió que mi ropa iba a pasar por la Semana de la Moda de París o por la pasarela de Fashionweek de Nueva York. No me pongo metas, pero trabajo mucho. Y ese es el mensaje que quiero dejarle a mis hijos y a los jóvenes: Si uno trabaja, le pasan cosas buenas.

¿Hay algo en el mundo de la moda que no te guste?
Muchas cosas, pero trato de distanciarme. Puntualmente, no me gusta la moda tomada nada más que desde lo fashion y la foto de la modelo famosa. La entiendo desde un lugar más social, una ropa que exprese los estados de ánimo, donde los rituales y la política estén presentes.

¿Cuál es tu mayor aporte?
Me parece que le saqué un prejuicio a la sociedad argentina sobre el color y aquello de que lo latino no puede ser elegante.

¿Por qué creés que las mujeres confían en vos?
Creo que buscan representarse a través de la ropa, mostrar su interior. Algo que tiene que ver con la modernidad, la feminidad y la sensualidad, los tres elementos con los que yo trabajo habitualmente. También es el perfil de las mujeres que se pegan a mi marca: minas laburadoras, modernas, femeninas, sensuales. Ese es el corazón de todo.

Publicada en RUMBOS #453

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